Artículos científicos

Presentación del libro: Manual para la elaboración de trabajos académicos

Presentación del libro: Manual para la elaboración de trabajos académicos

Disertación de Santiago Koval en la presentación del libro Manual para la elaboración de trabajos académicos. Investigar y redactar en el ámbito universitario (Grupo Editorial Temas, 2011).

Buenas noches, gracias por su presencia. Voy a comenzar mi charla hablando un poco acerca de mis motivaciones para escribir este libro, un texto que quiero escribir hace varios años. Cuando estudiaba y empecé mi carrera de grado comencé a leer textos teóricos sobre diversos temas como sociología, comunicación, filosofía, etc. y cuando los leía me daba cuenta de que había como dos niveles de discurso. Un primer nivel del contenido puramente dicho, es decir lo que el autor quería decir, el fondo (es lo que se conoce en semiótica como el “enunciado”); y un segundo nivel, el de la forma, es decir aquello que el autor usa como mecanismos argumentativos para decir lo que quería decir (lo que se llama “enunciación”). Y si bien el enunciado era importante y era en definitiva lo que era necesario conocer para aprobar las materias, empecé a preocuparme también por la enunciación. Y con el tiempo empecé a anotar y registrar las distintas herramientas metadiscursivas (o sea, esas partes o fragmentos del discurso que hablan acerca del mismo discurso) que usaban diversos autores para apoyar sus ideas. Por suerte, nos hicieron leer a grandes autores y escritores como Merton, Marx, Durheim, Foucault, entre muchos otros, que usaban grandes mecanismos de argumentación y entonces fui aprendiendo a reconocer las formas que tenían estos pensadores para defender lo que querían defender. Con el tiempo nos pidieron muchos trabajos escritos y eso me llevó a poder aplicar estos mecanismos de la enunciación a la generación de un discurso propio, cosa que nunca es fácil. Después de varios años de pequeños trabajos hice mi tesis y tuve que leer a Eco, Sabino y otros para entender cómo se hace una tesis. Porque para hacer una tesis hace falta manejar no solo el tema, sino además la forma en que dicho tema puede ser defendido a lo largo de casi 100 páginas.

Después de egresar, me alejé del mundo académico y no fue hasta 2008 cuando Diego Levis me propuso dar una materia en esta casa de estudios, cosa que acepté y que agradezco enormemente. Al dar clases a chicos de primer año me di cuenta de que venían con enormes agujeros conceptuales. Pero no solo en los temas y contenidos, sino, y quizá principalmente, en la forma, en la enunciación. Escribir un texto es una manera de expresar pensamiento. (De hecho, el pensamiento es lenguaje, lenguaje y pensamiento son dos caras de una misma cosa). Y si uno no puede escribir un texto de forma ordenada y presentarlo de manera que se exprese y entienda todo lo que quiere decir, entonces uno no sabe pensar. O al menos no sabe pensar con discurso verbal (habrá quien pueda decir que hay un pensamiento visual o icónico, y sin dudas lo hay). Pero en una universidad uno de los grandes objetivos debe ser siempre el de aprender a pensar por medio del lenguaje verbal. La acumulación y registro de contenidos (una suerte de archivo o memoria de datos) es algo importante, sin dudas, pero esos contenidos no sirven de mucho si no están acompañados por una capacidad de síntesis y de pensamiento abstracto. Así que cuando empecé a enfrentarme con cursos de chicos de 18 o 19 años que salían del colegio sin ninguna preparación para pensar me di cuenta de que hacía falta ayudarles a lograr eso. Que no era tan importante que aprendieran y recordaran los contenidos de la materia, o al menos no era lo esencial, sino que se llevaran consigo algo más importante: la capacidad de pensar por sí mismos (entendida siempre como una habilidad para formular y resolver problemas). Entonces les empecé a pedir ensayos y trabajos escritos, en los que tenían que defender una idea desde dos perspectivas diferentes, argumentando y contraargumentando en favor de una y otra.

En 2009 noté el enorme esfuerzo que le implicaba a un alumno de primer año escribir un trabajo de 1000 palabras (que son 3 o 4 páginas) y armé una suerte de breve manual de unas 20 páginas para darles las pautas básicas que necesitaban para escribir de la mejor manera posible. No solo en temas de argumentación, sino también en uso de fuentes, citas, referencias, y de expresión de ideas (uso de conectores lógicos, diagramación del contenido, etc.). Y ese breve manual fue la antesala de este libro. En 2010 me presenté al concurso para editarlo con Editorial Temas y luego de reuniones con Daniel Sinópoli el original fue aceptado. En la reunión con Daniel recuerdo que me dijo: “bueno, esto que tenés acá está muy bueno, pero ahora tenés que escribir un libro”. Y si bien terminé escribiendo el libro en casi 4 meses, que no es tanto, el salto de ese breve manual al libro completo fue un proceso no tan simple e implicó un esfuerzo intelectual bastante grande. En definitiva, es algo que también le pasa a un estudiante cuando hace un trabajo. Un trabajo escrito siempre tiene una versión preliminar, más breve y menos estructurada. Siempre hay un anteproyecto que es el puntapié para algo más largo y complejo. El problema es pasar de ese pequeño fragmento a un texto más elaborado y extenso y evitar que la idea principal de rompa en el camino.

Objetivos del libro

Bien, ¿cuáles son los objetivos del libro? Precisamente, ayudar a un estudiante que tiene que hacer textos en su formación universitaria, darle una suerte de brújula, como dice Albornoz en el prólogo. Primero, para ayudarle a decir de mejor manera lo que quiere decir y, luego, para enseñarle a aplicar un método científico en su trabajo de investigación que le permita alcanzar resultados que sean válidos y fiables, y que puedan por lo tanto ser defendidos ante un tribunal o jurado de tesis, por ejemplo.

Cuando yo estudié existían (y siguen existiendo) muchos libros de metodología y otros tantos que ayudan a mejorar habilidades de redacción y de investigación. Pero siempre tuve la sensación de que casi ninguno, salvo contadas excepciones, estaban destinados a estudiantes de grado. Por lo general, le hablaban a un investigador o a un tesista de doctorado, como el libro de Umberto Eco, que se supone ya manejan herramientas elaboradas para investigar académicamente. Y entonces quise, o intenté al menos, lograr que el texto pudiera ser aceptado por estudiantes de licenciatura, incluso por estudiantes de primer año que recién dan sus primeros pasos. Veremos con el tiempo si logré o no mi objetivo.

Ahora bien, un texto escrito, y este es uno de los pilares de este libro, nace de una investigación que siempre le precede. Cualquier texto escrito es un informe de investigación. Investigar y redactar forman una unidad dialéctica indisoluble, como el lenguaje y el pensamiento. Entonces, la tarea de hacer trabajos académicos en la universidad tiene una doble exigencia: por un lado, hacer una buena investigación (es decir, dar bien los pasos en el proceso de indagar, sea en un experimento o en una exploración bibliográfica); por otro lado, llevar el proceso y los resultados de esa investigación a la forma de un texto escrito, que tiene que ser suficientemente claro para lograr que un lector que no participó en ningún momento de ese proceso pueda entender qué se hizo, por qué se lo hizo, cómo se lo hizo y cuáles fueron los principales resultados que se obtuvieron. Esto nunca es fácil y lleva tiempo aprenderlo.

Por eso creo que es fundamental para estudiantes de cualquier carrera que desde los primeros años de formación empiecen ya a familiarizarse con trabajos escritos. No solo para aprender a investigar y a redactar, sino para aprender a pensar. Por lo general, y este es como el modelo clásico de la enseñanza, el alumno se enfrenta a 4 o 5 años de clases teóricas o magistrales, a la lectura de textos y bibliografía de forma aislada y pasiva, y a exámenes que tiene que rendir de forma presencial, sea de forma oral o escrita. Sin embargo, hay poco lugar para que el estudiante aprenda a hacer cosas originales y pueda pensar por sí mismo, que plantee nuevos problemas y que descubra formas nuevas de resolverlos. Lo que ocurre, y esto es quizá lo contradictorio, es que para que el alumno pueda egresar de su carrera le exigen que presente y defienda una tesis o un TIF o trabajo de integración final. Y entonces el alumno se encuentra en su último año de cursada y se enfrenta a una tarea titánica que no puede resolver.

Uno de los objetivos de este libro es justamente mejorar en cierto sentido este aspecto algo descuidado de la educación universitaria y darle herramientas al estudiante de grado e incluso de posgrado para que pueda elaborar por sí mismo ciertos caminos de pensamiento original y que conozca algunos de los fundamentos que rigen la práctica de la investigación y la redacción científica en la universidad.

Organización del libro

¿Cómo está ordenado el libro? Tiene en principio dos grandes partes. La primera parte se refiere a una introducción al método científico, a la investigación científica y a la redacción científica. Aquí se hacen algunas notas acerca de la historia de sucesos e ideas que nos fueron acercando a nuestro actual estado de las cosas. Esto que hoy en día llamamos universidad, y esto que hoy llamamos conocimiento, ciencia o academia, nace de una larga tradición de pensadores que fueron proponiendo nuevas ideas y haciendo reflexiones sobre el modo en que conocemos la naturaleza y el cosmos, es decir, el modo en que podemos decir cosas con cierto nivel de verdad acerca de lo que nos rodea como seres humanos. Y si bien las fuentes originarias fueron helénicas (Aristóteles, fundamentalmente, ese gran genio del que nacen casi todas las ciencias y ramas del conocimiento occidental), nuestra Modernidad encontró su primer nacimiento en el siglo XVII, con la revolución científica ocurrida en Europa. En particular, con la publicación del libro de René Descartes, El discurso del método. ¿Qué dice básicamente Descartes? Que ya no debemos confiar en la escolástica (ese método intelectual según el cual todo pensamiento debe someterse al principio de autoridad “Magister dixit”, básicamente, la Biblia (las Sagradas Escrituras y la figura ubicua de Dios) y los textos aristotélicos), sino que como seres humanos somos capaces de confiar en la razón, en nuestra propia capacidad de razonamiento para saber cosas sobre el mundo que nos rodea y sobre nosotros mismos. Sobre esta base se comienza a solidificar el edificio racionalista, el llamado racionalismo epistemológico, y sobre esta misma columna firme se construye la idea de progreso, de evolución; en definitiva, de Modernidad.

El uso de la Razón como fuente para conocer verdades en el mundo fue fundando las ciencias modernas, las academias científicas, las universidades, que si bien existían hacía mucho tiempo, comienzan a aplicar el método científico a la generación de sus verdades y a la transmisión de conocimiento entre generaciones.

En 1665 se funda la Philosophical Transactions de la Royal Society de Londres, la primera revista científica encargada de divulgar resultados de experimentos en toda Europa, que se basa en la revisión de pares para asegurar que la veracidad de las conclusiones presentadas.

Toda esta breve historia del presente científico nos lleva hasta el día de hoy, momento en que se acepta de forma general y extendida el uso del método científico para obtener conocimientos del mundo, exigencia que se aplica tanto a investigadores y científicos como a estudiantes de todas las áreas del conocimiento, que tienen que aplicar el método científico en sus trabajos académicos para llegar a buenos resultados.

De ahí que en la primera parte del libro se haga hincapié en el método científico, la investigación científica y la redacción científica, como las tres patas del quehacer científico de un estudiante y de un investigador.

El segundo capítulo de esta primera parte se dedica a diseñar una tipología de trabajos académicos, divididos por un criterio bastante extendido en ciencias sociales y ciencias duras que es el de definir a los problemas y temáticas de investigación entre puros o teóricos y empíricos o pragmáticos. Ahí se explican los fundamentos y principales etapas y formas de expresión de los tipos de trabajos más frecuentes en el ámbito académico, como los ensayos, las monografías, las tesis, las investigaciones por encuesta, los papers, etc. Dentro de las investigaciones aplicadas se encuentran los trabajos aplicados a los negocios, cuyo autor es Pablo Provera.

La segunda y última parte del libro, y con esto ya voy terminando, se dedica a las tareas de investigación y redacción propiamente dichas.

En el capítulo dedicado a la investigación se abren los puntos y etapas fundamentales de una tarea fáctica de indagación (sea experimental y empírica o pura y teórica), entre otras cosas: la definición de un objeto de estudio, la formulación de una pregunta y la respuesta a dicha pregunta, que no es otra cosa que la hipótesis, el planteamiento de unos objetivos, el desarrollo de un marco teórico basado en un estado del arte o estado de la cuestión. Todo esto forma parte de lo que se llama la Estructura Lógica.

De forma paralela, se hace hincapié en la formulación de un Diseño Metodológico, que vendría a ser la ejecución experimental que sirve para poner a prueba los conceptos e ideas desarrollados en la estructura lógica del trabajo. Aquí se habla de definición del universo, de la extracción de una muestra, del diseño de un sistema de categorías, de la operacionalización de los conceptos teóricos, del armado de un cuestionario, del trabajo de campo, etc., etc.

El último capítulo que cierra el libro se enfoca en la tarea de redacción propiamente dicha. Cuando un estudiante ha definido su estructura lógica y su diseño metodológico, los ha aplicado y llevado a cabo durante un tiempo determinado, ha llegado a conclusiones y ha logrado documentar cada una de las etapas durante el trabajo de indagación, tiene que ponerse a escribir. Es decir, tiene que hacer que su investigación se traduzca en un texto formado por palabras, oraciones, párrafos y capítulos, que guardan relaciones entre sí a partir de la exposición secuencial que es propia del discurso escrito.

Este paso de una investigación con estructura lógica a la forma secuencial del discurso escrito tiene por objetivo, básicamente, acercar a un lector ajeno a todo el trabajo, el proceso y los resultados más importantes de la investigación que se ha realizado. El lector debe ser capaz de entender, solamente por aquello que aparece en la superficie textual, todo lo que se ha hecho, desde el primer momento de definición del objeto de estudio hasta el último momento de la elaboración de los resultados principales.

Para eso, el género científico-académico se reserva para sí un conjunto de mecanismos discursivos que hacen que aquello que se dice sea dicho con la mayor objetividad posible y de la manera más clara y simple. Bueno, este último capítulo se dedica a presentar los puntos más importantes que deben tenerse en cuenta cuando se redactan trabajos académicos.

Cierre

Para terminar, quiero decir que el uso extendido de la Razón y del Método Científico nos puede llevar a formarnos estructuras bastante rígidas de pensamiento. Es decir, leyes, reglas de pensamiento, máximas de acción, en definitiva, paradigmas, que en el fondo terminan siendo apoyadas en afirmaciones algo dogmáticas e indemostrables, y además estos mismos paradigmas que hoy nos regulan pueden caer mañana mismo. Todo el edificio o pirámide de la razón lleva a una base construida por cimientos con verdades que ya no se discuten y que por este mismo motivo son poco fiables.

Al aplicar esta estructura, nos fijamos un camino delineado que tenemos que desandar para poder llegar a buenos resultados. En ese sentido, ocurre a veces que el estudiante se puede sentir encorsetado y atado de pies y manos para decir algo original. En definitiva, y esto se dice abiertamente en el libro, investigar académicamente termina siendo una forma que tenemos para adecuar ideas propias a moldes ajenos. Por eso, el estudiante debe conocer con precisión el método científico (porque es lo que le permite moverse de acuerdo a ciertos cánones aceptados por la comunidad académica), pero debe permitirse también desafiar los límites impuestos por este modelo de pensamiento.

Analizar un objeto, siempre, es empobrecerlo. Y el método científico es solo una manera que tenemos para empobrecer la realidad estudiada. Nos sirve para establecer pautas de acción y ordenar la producción de conocimiento, pero el método nunca puede ser un limitante, nunca puede ser una silla de montar en la espalda de un estudiante. En definitiva, el estudiante no tiene que tener miedo de desafiar las reglas de un conocimiento universal que erróneamente damos por sentado.